Revisión Crítica: Krugman vs. Gadea y Perez-Quirós.

El pasado 2 de octubre de 2013, Javier Andrés publicó una entrada en el blog “Nada es Gratis” titulado “El fallo en predecir la Gran Recesión: un fallo de los economistas académicos?” basado en un trabajo empírico de Gadea y Pérez-Quirós (2012). En este artículo se citaba uno de Paul Krugman, publicado en 2009, y titulado “¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economista?”. Ambos artículos se preguntan por qué no se pudo predecir la Gran Recesión y reflexionan sobre la capacidad de predicción de la economía. El objetivo principal de éste trabajo es presentar y comparar las respuestas de ambos autores a esta cuestión.

Dada la situación económica actual, esta reflexión es muy relevante ya que especula sobre la credibilidad de la profesión de economista. Hoy parece evidente que existían alarmantes evidencias que indicaban que algo iba mal: graves fallos en la economía de mercado, desequilibrios aparentemente insostenibles como el rápido crecimiento del crédito, así como la presión alcista de los precios activos inmobiliarios. Así, se acusa a los economistas de no incluir en los modelos con los que analizan la realidad, especialmente los macroeconómicos, las variables realmente relevantes e “ignorar los elementos clave que gobiernan la economía en el mundo real” (Andrés 2013, pág.1). Es más, se considera que, en la elaboración de estos modelos se ha desdeñado la realidad, centrándose sólo en la “belleza” del modelo y de su elaboración matemática. Por tanto, la profesión de economista está en entredicho ya que “ha sido incapaz de predecir una crisis de tal magnitud, cuando durante la etapa expansiva anterior se estaban acumulando desequilibrios que parecían insostenibles.” (Andrés 2013, pág.1)

Para Krugman (2009), este fallo de predicción se debió a la ceguera de los propios economistas. Los planteamientos teóricos y metodológicos de la mayoría de los economistas académicos limitaron su capacidad de interpretar las señales de alarma que anunciaban la recesión. Así, la creencia generalizada en la hipótesis de los mercados eficientes impidió a los profesionales y académicos, ya no aceptar, sino imaginar la posible existencia de una burbuja en los mercados financieros e inmobiliarios. Esta crítica de Krugman a las teorías que consideran que los mercados tienen, por sí solos, un comportamiento eficiente cobra especial actualidad ya que acaban de otorgarles el Premio Nobel de Economía a Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller por sus análisis empíricos de los precios de los activos financieros y, por tanto, sobre el funcionamiento de estos mercados.

El argumento del artículo de Javier Andrés, es mucho más benévolo con la capacidad de predicción de la economía y la actuación de los economistas. El autor hace una clara distinción entre lo que es un análisis “a priori” y uno “a posteriori” utilizando un símil médico. Hacer análisis a posteriori es como practicar “medicina forense”: una vez que el paciente ya está muerto es muy fácil decir que está muerto y explicar por qué ha sucedido. Es mucho más difícil practicar “medicina clínica” y “diagnosticar la evolución de un paciente a partir de sus síntomas” (Andrés, 2013, pág.2). Es decir, realizar análisis a priori sobre la situación de la economía según la evolución de determinadas variables relevantes.

Según Andrés, la evidencia disponible no era tan clara en aquel momento como puede parecer visto desde hoy. Especialmente en lo que se refiere a la variable acumulación de crédito, uno de los indicadores utilizados a posteriori para señalar la llegada de la recesión. Dejando aparte cuestiones estadísticas sobre la endogeneidad de ésta variable y la consideración de las crisis como exógenas en la mayoría de los modelos, lo cierto es que en su trabajo Gadea y  Perez-Quirós concluyen que la acumulación de crédito no es una variable de predicción de una recesión ni de su intensidad. Es decir, si se hubiera realizado antes de 2008 un modelo de análisis en tiempo real de la evolución de la economía para ver si se acercaba una recesión, no se hubiera incluido en ese modelo la acumulación de crédito como variable explicativa ya que, en aquel momento, no se consideraba dicha variable relevante para predecir el ciclo económico.

En conclusión, el fallo en predecir la Gran Recesión pudo deberse, como dice Krugman, a la excesiva fe en el funcionamiento eficiente de los mercados de una parte de los economistas lo que les imposibilitó contemplar otras posibilidades. Pero, también es cierto que una de las variables que hoy se consideran más relevantes para  avisar de lo que se avecinaba, la acumulación de crédito, en aquel momento no se incluía en los modelos de análisis macroeconómico como variable de predicción de una recesión. Otras características de la economía explicaban mejor su evolución ya que, hasta esta crisis, el crédito ”no estaba tan estrechamente relacionado con el ciclo económico” (Andrés 2013, pag. 2). Por tanto, no parece tan fácil que los economistas lo vieran venir. Aunque aquellos que sí lo vieron, fueron ignorados en aras de la “ceguera” generalizada apuntada por Krugman.

Referencias:

Gadea, M.D. y Pérez-Quirós, G. (2012): THE FAILURE TO PREDICT THE GREAT RECESSION. THE FAILURE OF ACADEMIC ECONOMICS? A VIEW FOCUSING ON THE ROLE OF CREDIT. Documentos de Trabajo, N.º 1240. Banco de España

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