¿Podemos cambiar nuestra práctica docente? La enseñanza centrada en el estudiante y el aprendizaje activo

Hay muchas técnicas de enseñanza que se utilizan habitualmente en las aulas y la moda educativa marca tendencia: instrucción por pares, trabajo en pequeño grupo, clase invertida, resolución de problemas, trabajo por proyectos …. Sin embargo, para lograr un verdadero cambio educativo no es suficiente seguir la moda de las técnicas de instrucción. Lo verdaderamente importante es cambiar la filosofía docente de los profesores: promover la enseñanza centrada en el estudiante alejándose paulatinamente de la instrucción centrada en el profesor.
Este enfoque implica que los profesores dejemos de creer que por enseñar, explicar o presentar el material, los estudiantes lo aprenden, y que, en definitiva, es su tarea el estudio posterior del mismo. Sin quitar ninguna responsabilidad al alumno sobre su proceso de aprendizaje, y la necesidad obvia de dedicar tiempo y esfuerzo al estudio, es cierto que se pueden tomar decisiones de instrucción que efectivamente ayuden y mejoren el aprendizaje. Además de la exposición de los contenidos y su eventual aplicación, los profesores pueden utilizar otras técnicas de enseñanza concretas que ayuden a los alumnos a ser aprendices activos, protagonistas de la experiencia de aprender.
Según Maryellen Weimer en su libro “Learner-Centered Teaching” para que la práctica docente evolucione hacia el aprendizaje ha de someterse a cinco cambios fundamentales. El primero de estos cambios está relacionado con quien controla el proceso de aprendizaje. En un enfoque de enseñanza centrada en el profesor es éste quien controla el proceso siendo el aprendiz dependiente de las decisiones del docente. En enfoques más centrados en el aprendizaje, los estudiantes comparten, hasta cierto punto, el control sobre su proceso de aprender pudiendo tomar ciertas decisiones. Este nuevo reparto de la responsabilidad motiva a los estudiantes mejorando su aprendizaje (Weimer, 2002, pag. 30). Así, este planteamiento lleva asociado cierta redistribución del poder en la clase ya que el profesor debe implicar a los alumnos en algunas de las decisiones que afectan a su aprendizaje. Obviamente, esto supone un segundo cambio que ha de producirse en los propios estudiantes: han de ser activos, responsables de su propio aprendizaje, maduros intelectualmente y que valoren las oportunidades de aprendizaje que este planteamiento les ofrece. Esto es realmente un reto para el sistema educativo actual donde los estudiantes suelen preferir opciones más pasivas y con menos responsabilidad; o al menos están más acostumbrados a ellas.
El tercer cambio está relacionado con el papel que juegan los contenidos y la necesidad de “dar toda la materia”. Los docentes en general estamos muy preocupados por “acabar el programa” sin darnos cuenta que la simple exposición de los temas no supone el desarrollo de las competencias que queremos que los estudiantes aprendan. En un enfoque centrado en el aprendizaje, el contenido debe ser usado en actividades de aprendizaje, no sólo presentado o explicado. Así, el papel de los contenidos se amplía y diversifica lo que tiene consecuencias para la cantidad de materia que se puede trabajar.
El papel del profesor en el aula también cambia en este enfoque: “los profesores son facilitadores, guías, y diseñadores de experiencias de aprendizaje” (Weimer, 2002, pag. 18). Por tanto, el profesor elabora las actividades y experiencias de aprendizaje y debe estar presente en ellas para guiar, explicar y estimular el trabajo del estudiante. La crítica constructiva y la retroalimentación son elementos esenciales para motivar una mejora constante en la actuación de los estudiantes. Esto supone que los profesores que quieran aplicar este planteamiento tienen que desarrollar habilidades docentes más allá de poder realizar lecciones magistrales eficientes.
Por último, todas estas transformaciones han de influir en la evaluación. Tanto el objetivo como los procesos de la misma se transforman, manteniendo su finalidad de dar notas pero potenciando sus posibilidades de aprendizaje. Así, la nota no ha de decidirse únicamente en una prueba al final del proceso de aprendizaje sino que las actividades realizadas a lo largo del mismo también cuentan. Además, el profesor no es el único evaluador posible en la clase; los compañeros y el propio estudiante también están implicados, desarrollándose de ésta forma habilidades de auto-valoración y de evaluación del trabajo de los pares.
En cualquier caso, para que los docentes experimentemos un cambio profundo en cómo entendemos la instrucción no es suficiente, a mi modo de ver, disponer de un recetario de técnicas de enseñanza y sus instrucciones de aplicación en distintos contextos. Es imprescindible un proceso de reflexión individual que permita a los profesores asumir que el protagonista del aprendizaje es el estudiante y que nosotros somos los guías fundamentales en ese viaje. Las técnicas de instrucción no cambian nada si quien las tiene que adoptar, el profesor, no cree en un proceso de enseñanza centrado en el estudiante.

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One Response to ¿Podemos cambiar nuestra práctica docente? La enseñanza centrada en el estudiante y el aprendizaje activo

  1. Conchita G. Veiga 1 septiembre, 2015 at 12:53 #

    Bravo Nuria!! Estoy completamente de acuerdo con tu planteamiento. Es bastante difícil llevarlo a la práctica pero eso no me desanima a intentar diversos cambios y a experimentar con nuevas técnicas docentes.
    “Si quieres que el resultado cambie, cambia algo. Si sigues haciendo lo mismo, obtendrás lo mismo de siempre”

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